Siempre pienso tenerlo, amor.
Y ya se me escapa por entre los dedos.
Se me escurre sin más
de nuevo, en el ritmo de las olas.
Te dejo marchar, como si a mí
las molestias de perderlo
fueran apenas los minutos
que se pierde en tener
que esperar por el próximo tren.
Para unos es el fastidio,
otros el infortunio.
Para mí, la malicia de sufrir
sin premeditarlo y tener que dejarlo,
sin más.

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